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  • Julian Garces Ocoro

A fuerza de repetición

Actualizado: nov 4


“A fuerza de repetición” fue una expresión que escuché a menudo por el tiempo en que me desarrollé como bailarín de la compañía Cortocinesis bajo la dirección de Vladimir Rodríguez Chaparro. Fue uno de los enunciados y mantras recurrentes que escuché en medio de ensayos, funciones y giras. Estuve alrededor de una década, en un par de puestas en escena, en especial, en una donde “no buscamos hacer reivindicaciones a favor o en contra''. Sólo nos reflejamos frente a un espejo deformado de que devuelve su imagen con humor y terror”. Si mal no recuerdo, algo así declaraba alguna de las muchas reflexiones de la experiencia, apuesta escénica de relevante importancia tanto para la compañía, para la danza del país y, claro está, para mí.


Lo que en su momento atraía mi atención de dicha expresión fue cierto subtexto que atentaba contra la idea de que hacerse o ser bailarín era una suerte de casualidad donde coincidían una serie de aptitudes físicas heredadas por una especie de conspiración divina que, -alineada con las estéticas hegemónicas del arte-, coincidía con un talento innato perse hecho cuerpo glorioso en uno. A mi parecer, los cuerpos gloriosos no existen, y si los hay, es gracias a la fuerza espiritual, mental y física del artista, del bailarín y de la bailarina, quienes persisten apasionadamente y establecen estrategias a título personal y/o colectivo en profunda convicción y conciencia de su quehacer.


Sea un demi-plié, o la flexión y extensión de alguna porción corporal, la acción escritural de sentar el cavilar cinético en tinta y papel o coreo-graficarlo en el salón de clase o en el escenario, corto o videodanza. Sea el acto cotidiano de levantarse para atravesar la ciudad sin mayores deseos e imaginarios que repetir la fáctica realidad de bailar, pasando por la constante reiteración verbal y gestual de comunicarle a nuestro entorno, y en especial a sí mismos, dicha a veces desconocida o indescriptible convicción. “A fuerza de repetición” resume una filosofía de vida de largo aliento, de 15 años y más, por la cual al final se vence, se avanza, se logra, se baila… se construye. Este enunciado concentra en sí mismo un contundente acto de fé, similar al de cualquier feligrés o extremista religioso, de cualquier soldado raso o activista de primera línea, de cualquier peón en la protección de su reino.



Hoy, a la luz de la readecuación de su espacio, @LaFutileria (esto lo re-escribí hace unos meses) razón por la cual les envío/escribo un especialísimo saludo, sincera admiración y congratulación. Por estos días, comienzo un nuevo y personal proceso formativo académico, una cátedra donde debo guiar a futuros y futuras bailarinas en su camino de profesionalización en la danza, donde me propongo aportar a su conocimiento y comprensión de nuestra historia danzada, o más bien, de nuestras historias, -en plural porque las huellas y tejidos de la danza contemporánea en Colombia son multiformes y policromáticas y pululan por doquier. La consolidación de nuestro movimiento no expone un solo camino ni un único cuerpo. Son tan variados como nuestros esfuerzos, rutinas, repeticiones y representaciones. Historias construidas por voluntad, deseo y necesidad propia de cuerpos, almas y mentes. Muchos de ellos y ellas amigas, colegas, maestros y estudiantes. Una buena cantidad de ellos y ellas vivas aún. Otras que lamentablemente no están hoy, pero que nos han dejado sus hallazgos y evidencias como estrellas en el firmamento para orientarnos en la infinidad de constelaciones para tomar referencias de tiempo y lugar, y asumir y ratificar el valor del cuerpo y su condición inmanente de la danza felizmente a fuerza de repetición.




Julián Garcés Ocoró

www.dromosproject.com/blog


Reedición. Febrero 14, 2021.

Bogotá, Colombia


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