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  • Julian Garces Ocoro

Moving towards sound o sobre los ases del ritmo.


"No podemos ni deseamos escapar al calor

que el sonido deposita a esta hoguera: Mi cuerpo”


Desde mi infancia, viví en un constante e intenso caminar por la actividad física, aunque según los médicos sin una gran capacidad para ello. Anduve, entre deporte y el arte, con un soplo en el corazón de nacimiento, una especie arítmia cardiaca, que acompañó mi permanente divagar físico y emocional por las calientes calles de mi ciudad natal. Esto sin aundar en algunos problemas de cadera y descalcificación sumados a mi realidad corporal circunstancia. Entre tantos ires y venires, a propósito de mi presente, reparo ahora en el primer grupo de baile que integré, en la que me inició una prima de la familia, Marta: La comparsa de salsa “Los Ases del Ritmo”.


Desde que insistí en mi desprevenido, ingenuo y para nada fundamentado deseo de bailar, de estudiar ello, y hacerme profesional, fluctué a pie, en cicla y en bus del barrio al conservatorio entre la danza y la música. En esa espontánea, desconocida y novedosa campaña casi me hago discípulo de Apolo y Euterpe, pues luego de los ensayos de ballet pasaba buena parte del día en el salón de percusión del Instituto Departamental de Bellas Artes de Cali sin ser propiamente estudiante oficial de éste. La Arquitectura y la Ingeniería de Sonido coquetearon amenazantes pero al final Terpsícore obtuvo mi atención. Los territorios de estas deidades no son tan distantes de lo que soy hoy.


En el conservatorio, estudié ballet por unos cuatro años donde mi lugar en la barra era justo al lado de la pianista acompañante, lo que era bastante atractivo. Esa potencia sonora que emergía del piano, sin duda, ubicaba en otra dimensión, desconocida por cierto, el acto de bailar. Años más tarde, ya en la capital con una idea más definida sobre la danza continué mis estudios por los dominios de Shiva y Chango (para ampliar la perspectiva) que por momentos se me hicieron aburridos. Busqué nutrir mi danza de otras fuentes por lo que circundé los linderos del teatro, la filosofía y un millar de actividades capitalinas dentro y fuera del campo. En el cambio de milenio inicié mi formación superior al respecto, claramente mucho más formales que las clases clandestinas de percusión sinfónica que recibí (en momentos sólo con ver) de un gran amigo de la niñez, Hector.


Debo agradecer a la vida por los espacios que me permitió habitar, visitar, observar y transitar en la fría sabana y su ferviente movida cultural: Curupíra, La Distritofonica, Ecodanza, Danza Común, la ASAB, Misi, Tekeyé, el siempre amado Cortocinesis, La Candelaria, la 7ma, las lecturas sobre El Bogotazo, la Jimenez y sus líneas del tranvía, el Goce, Salsa Camará, Monserrate, los barrios al borde de la ciudad en los que viví y trabajé, los Festivales al Parque, los viajes al interior y exterior del país: La Habana, México, Quito, Lima, los Santiagos, las urbes del Mato Grosso, París, Toulouse, la inolvidable Barcelona, Cali, Bogotá, las costas colombianas, la sabana cundiboyacense; los premios, los amores, las compañeras afectivas de gran, infinito y generoso apoyo y complicidad (Cata), los amigos y amigas, las noches, las diversas situaciones alegres y tristes, las fiestas, las soledades, los abandonos, los encuentros y las pérdidas. Las bellas personas con las que he transferido información, deseos, apuestas, etc... fueron reconfigurando esta nueva pauta, aportando a mi formación, perfilando mi carácter, mi movimiento y pensamiento artístico y humano hasta hoy.


Hacía este recuento hace unos años con el objeto de aplicar a una maestría de mi interés. Para el caso lo llamé Moving to sound. Siempre es bueno volver sobre las palabras, la cinesis, gestualidades y acciones de nuestras declaraciones. Volver la vista atrás, no para quedar petrificado o solidificado, inmóvil, como el mito aquel, sino para proyectarse en retrospectiva. Para validar y/o modificar los hechos y producciones a las que hemos dado forma o con las que hemos tomado forma. Somos lo que vivimos, y hoy, paso por estas letras para dar cierre a ese Trazo de un círculo escrito con la punta de los pies asendeando al conocer, del que hablaba hace unos meses a propósito de mi participación con la obra JUNISA de alivetap, en su versión quinteto, equipo artístico y técnico, y administrativo de DROMOSproject, a quienes agradezco la compañía en este corto pero significativo viaje en la V Bienal Internacional de Danza de Cali 2021, en articulación con el foco Bogotá apoyado por IDARTES por medio de la Beca de Circulación Nacional en Danza 2021.


No es fortuito aquello que nos circunda al caminar. Los aires que se juntan en nuestro respirar. Nuestras materialidades, ésta del sonido que hago a través del movimiento de mi cuerpo en esta obra por estos días (y desde su gestación hace poco más de un lustro) son muy importantes y necesarias para dilucidar que no son más que la confirmación de los pensamientos y acciones realizadas, cavilaciones bailadas que jamás han estado desprovistas de música, que siempre bailamos algo que suena. Moving towards sound, y las obras que he puesto en escena y en clase, han sido la traducción sensible de esos deseos vividos y soñados. Son un intento de transcribir e interpretar en algo más tangible las incertidumbres y saber qué carta jugar, qué camino tomar para dromedar. Denotan un tránsito, un cambio de piel, una mutación, un asentar del pensar como el polvo en el fondo del agua que será removido por los pies para establecer nuevas configuraciones de la forma en su constante movimiento del pasar, del cambiar, del sonar del cuerpo y su musicar.



Bogotá, 2014

(Reescritura: Nov 2021)


Foto: @eselarte (Sandra Aponte)


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